Estefano Ramundo Orlando, gerente de defensa y políticas públicas de Semi Europa, explicó que la industria requiere medidas adicionales que complementen la Ley de CHIPS, con el fin de atraer nuevas inversiones y fortalecer la competitividad europea en esta sector. La acción conjunta de estas empresas fue dirigida a Henna Virkkunen, vice presidenta de la Comisión Europea, pidiendo una evaluación y seguimiento de la Ley, a la par que se demanda más financiamiento y esfuerzos de I+D para fomentar un entorno más atractivo.
Este llamado toma una mayor relevancia ante la incertidumbre en los mercados globales, exacerbada por tensiones políticas, como las que se vieron durante la administración Trump en Estados Unidos, que generaron un clima volátil para el comercio de semiconductores. En este contexto, nueve Estados miembros de la UE establecieron una Coalición de Semiconductores para fortalecer la cooperación entre países, buscando incrementar la competitividad y autonomía estratégica de Europa en el sector.
Frédérique Le Grevès, vicepresidente de la ESIA, delineó tres prioridades fundamentales para el sector: la creación de una estrategia clara de semiconductores que esté apoyada por una versión revisada de la Ley de CHIPS, la identificación de políticas comerciales que incrementen la resiliencia del sector y el fomento de la innovación. A pesar de que la Ley de CHIPS pretendía aumentar la inversión en manufactura, ha sido criticada por no abordar adecuadamente la cadena de suministro en su totalidad.
Por su parte, Richard Gordon, un analista en el ámbito de semiconductores, expresó su escepticismo respecto a la efectividad de las propuestas, apuntando a los obstáculos burocráticos y la falta de soluciones contundentes ante las políticas de administración estadounidense. Además, cuestionó la habilidad de la UE para implementar medidas significativas.
Irónicamente, las demandas actuales de la industria de semiconductores en Europa se asemejan a la política adoptada por el gobierno británico en 2023, que se centra más en I+D y diseño de chips. Esta estrategia en el Reino Unido responde a su necesidad de concentrar esfuerzos en áreas donde tiene ventajas competitivas, en lugar de realizar grandes inversiones en nuevas plantas de manufactura. Sin embargo, la reacción ha sido mixta, con críticas hacia el gobierno por no avanzar con la suficiente rapidez en sus objetivos.
El secretario de tecnología del Reino Unido, Peter Kyle, también ha estado promoviendo una asociación más cercana entre el Reino Unido y Estados Unidos en áreas como la inteligencia artificial, lo que ha despertado preocupación entre expertos, considerando el movimiento de la UE para reducir la dependencia de servicios digitales y de infraestructura estadounidense. Esto ha generado un debate sobre si esta dirección es adecuada, especialmente en un entorno global en el que la soberanía digital y la autonomía estratégica están en el primer plano de la agenda política.
En resumen, mientras los fabricantes de chips europeos buscan un enfoque más integral que transforme la Ley de CHIPS en una solución abarcativa para la industria, la presión sobre decisiones estratégicas, tanto dentro de Europa como en relación a otras potencias tecnológicas, sigue siendo intensa y compleja.
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